Tweet to @LeonLeoncio

sábado, junio 27, 2026

OTRO APUNTE SOBRE GAUCHOS RETRATADOS POR LA LITERATURA


Con el general Juan manuel de Rosas, hombre de campo, la cultura rural se instaló en la ciudad de Buenos Aires e introdujo un cambio en la sociedad ilustrada que miraba a Francia como modelo. Trajo esta nueva literatura coronada por el Martín Fierro que perduró alguno pocos años, hasta la guerra de la Secesión Americana que expulsa a los ingleses que vienen a buscar los recursos que le llegaban desde el sur de EEUU, y con ellos una nueva sociedad se instala en el país denominada la GENERACIÓN DEL OCHENTA.

En agosto de 1833, durante su expedición en el HMS Beagle, el joven naturalista Charles Darwin recorrió a caballo 130 kilómetros para reunirse con el general Juan Manuel de Rosas. El encuentro ocurrió en el campamento militar de Rosas ubicado a orillas del río Colorado, en plena Patagonia.

Lo primero necesario decir, es lo señalado en sus diarios por Charles Darwin quien describió al gaucho argentino como cortés, hospitalario y valiente. En su libro Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, destacó que el hombre de campo era "muy superior a las personas de las ciudades", invariablemente cortés. Sin embargo, también advirtió sobre su extrema violencia por el uso del cuchillo y su propensión a los robos.

Tal fue cautivado que adoptó durante su permanencia algunas de sus costumbres, tomar mate, fumar puros y dormir al aire libre.


Nicolás Boileay “agudamente dijo que los hombres más sabios han sido aquellos que ignoraban que eran sabios, y tal fue el caso de nuestros gauchos, cuya modestia no estaba reñida con aquel vigor con que doblegaron las fuerzas de la naturaleza, cuyo bajo sentir de sí mismos no les amilanaban para las empresas más arriesgadas y bravías”.



"Don Segundo Sombra" es una famosa novela rural argentina escrita por Ricardo Güiraldes y publicada en 1926. Narra el viaje iniciático de Fabio Cáceres, un joven huérfano que, guiado por el sabio gaucho Don Segundo Sombra, madura, aprende las labores rurales y encuentra su identidad.

El gaucho es un maestro.

Es el sabio gaucho, tal que quienes hemos conocido en nuestro medio gauchos, la obra lo retrata y eleva a su máxima expresión, y el hombre que fuera el maestro a partir de quien se inspira, sobrevive al escritor, que muere en París y recibe sus restos en Buenos Aires.

Foto de Segundo Ramírez con Guiraldes


El Fausto criollo (cuyo título original es Fausto, Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de la ópera Fausto) es una obra cumbre de la literatura gauchesca argentina, escrita por el poeta Estanislao del Campo en 1866.

La historia es un hilarante relato en formato de diálogo gauchesco. Un gaucho llamado Anastasio ("el Pollo") le cuenta a su amigo Laguna su asombrosa experiencia tras asistir por casualidad a la ópera Fausto 

Forma parte de los textos fundacionales que ayudaron a moldear la identidad del ciudadano y la cultura argentina, contrastando lo urbano con lo rural.donde asistió por curiosidad, sin saber que aquello era un teatro, ni qué era una representación teatral.

El punto central de la comedia es cómo el gaucho, desde su total ignorancia sobre el mundo teatral y la cultura urbana, interpreta la historia de Fausto y el diablo (Mandinga) tomándola por un evento real y mágico.

“¡Viera al Diablo! Uñas de gato,/ flacón, un sable largote,/ gorro con pluma, capote/ y una barba de chivato”.

Estanislao del Campo

El Martín Fierro forma parte de esta saga, pero su dimensión impide desarrollar en esta etapa por lo que dejo para otra ocasión o nunca.

martes, junio 16, 2026

UN APUNTE SOBRE BORGES

 

Cuarenta años de la muerte de Borges, a quien le preguntaron dónde le gustaría morir, y contestó cualquier lugar es bueno para morir, y por las dudas, eligió Ginebra, lo digo a mi exclusivo cargo, y en última instancia en un departamento privado porque no quería fuera en un ámbito público.

Ciego ya, se sentía Homero, como un espejo literario en su cuento "El Inmortal" (del libro El Aleph) y en el poema "El hacedor" se compara con él al reflexionar sobre la naturaleza de la ceguera, la memoria y el acto de escribir.

Macedonio Fernández abogado amigo de su padre, se constituyó por muchos años su maestro literario, y guía filosófica, que lo introdujo en el ámbito de la metafísica, que fue un parteaguas a partir de su muerte, cuando ya Borges no fue el mismo. 

La diferencia se extrae de sus obras, al igual que Shakespeare que también tuvo un asistente ilustrado que  le hacía llegar citas que se destacan al emerger en medio de una prosa sencilla en el caso de Borges son la luz de primera obras cuando se encontraban los sábados a las doce de la noche que esperaba toda la semana.

La obra de Borges es de esencia metafísica, que consciente o no, escribió, que obligan a una lectura exigente, mesurada y de aliento, ayudada por la limitada extensión de los  textos largamente trabajados, que le quitan fluidez y música.  

"Dios, con una magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche", sin embargo sostengo que la ceguera fue fundamental para lograr su especial visión metafísica.

La foto corresponde al casamiento de Bioy Casares con Silvina Ocampo, Oscar Pardo y Enrique Drago Mitre, celebrado en Las Flores, secreto casi íntimo, Silvina 11 años mayor, con los amigos que le hicieron el soporte. Todos de la Alta Sociedad porteña.

En la anécdota que se relata por estos pagos, se cuenta que Bioy 25, estaba con Borges 40 y con otro amigo de apellido Drago Mitre y les dijo a los dos: “Me voy a casar”. Borges y Drago Mitre enseguida pensaron ¿Dónde está la escopeta? Pero la respuesta fue “Me voy a casar en Las Flores ya con Silvina” y fue así que todos los que estaban en el lugar partieron de la estancia y recorrieron los 35 kilómetros de Pardo hasta la planta urbana de Las Flores.

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

Jorge Luis Borges «Poema de los Dones»